Estas fotografías evocan un antiguo proverbio portugués: «Quien no ha visto Sevilla, no ha visto maravilla».
En la Catedral de Sevilla llaman la atención las dos torres laterales, muy ornamentadas.
Entre ellas se observa un espacio de fondo claro, con un bellísimo entramado de ojivas y rosetones que establece el contraste entre lo muy simple y lo muy ordenado.
Una gran franja transversal con imágenes de santos, coronadas por doseles en la parte superior, está también ricamente ornamentada.
Sobre ese fondo sencillo se destaca el portal, con un magnífico triángulo que constituye una expresión de la ojiva.
Debajo, una profunda puerta ojival. A mi juicio, la belleza de esta puerta consiste en poseer algo de monumental.
Las torres tienen una gran altivez y se elevan desde el suelo con decisión y gallardía.
Se tiene la impresión de que aferran el suelo como garras y de que ascienden hacia el cielo con seguridad, despreocupadas del peligro de caer.
Sostienen con facilidad el peso que descansa sobre ellas.
Más aún, parece que desde lo alto contemplaran la tierra y a los pobres transeúntes con una actitud desafiante, como quien dice: «Si te atreves, intenta enfrentarte conmigo; con mi sola fisonomía te hago huir».
Los arcos, que sirven de apoyo a las torres, son transformados por los arquitectos en verdaderos ornamentos.
Hay algo en este magnífico portal que recuerda la entrada de una fortaleza.
Una fortaleza medio eclesiástica y una iglesia medio fortaleza realizan una admirable síntesis: los más altos valores del espíritu defendidos por la fuerza e insertos en medio de la lucha.
Un combate en el sentido literal de la palabra, en el que la persona se entrega al riesgo total de perder la vida.
(Extractos de la conferencia pronunciada por el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira el 15 de enero de 1977. Revista «Catolicismo».)
Fuente: https://catedraismedievais.blogspot.com/2012/01/catedral-de-sevilha-uma-fortaleza-meio.html
Foto: Diliff, CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons
