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Petición a S.M. el Rey Don Felipe VI

¡Majestad, renovad la consagración de España al Corazón de Jesús!

Petición a S.M. el Rey Don Felipe VI

Majestad,

Es con gran preocupación por el futuro del Reino, nuestra patria, que hoy recurrimos a su monarca.

V.M. sabe que España se encuentra en un estado muy deteriorado. Los recientes acontecimientos en Cataluña dejaron a más de uno temeroso de la desaparición del Reino, antes de que V. M. defendiera valientemente su unidad, granjeándole la simpatía de todos sus súbditos fieles, entre los cuales nos honramos de hacer parte.

La amenaza que representa el separatismo para el futuro de nuestro país infelizmente no ha desaparecido. Bajo algunos aspectos, la crisis catalana parece irresoluble y los círculos ideológicos que aspiran a mutilar a España para repartirse sus despojos también se agitan en otras provincias.

A estas fuerzas centrífugas se agrega la amenaza que representan para la unidad del Reino aquellos que vuelven a abrir heridas que la gran mayoría de los españoles juzgaba y deseaba ya cerradas para siempre. Tal como antiguamente, estos fantasmas del pasado surgen acompañados por un odio visceral hacia la España católica. Pero donde antes los enemigos de la Iglesia se contentaban con querer expulsar el Catolicismo del espacio público, sus herederos actuales quieren privarlo inclusive de cualquier influencia en la vida civil y obligar a los católicos a renegar de las consecuencias morales de su fe en nombre de la tolerancia y la no discriminación. Son las convicciones íntimas y la vida de familia de millones de españoles que están siendo pisoteadas y trastornadas por una ideología más totalitaria que el viejo comunismo socio-económico de antaño.

V.M. lo intuye: cuando se ataca la fe en la que se fundó la unidad y la grandeza de España, es todo el Reino el que, lamentablemente, vacila. Y lo hace justamente cuando la Patria vuelve a ser sorprendida por un enemigo del que consiguió liberarse sólo después de ocho siglos de lucha y Reconquista. Hace apenas un año, ese mismo invasor volvió a derramar la sangre de españoles en Barcelona y Cambrils.

Ante esta situación que se vuelve humanamente desesperada, pedimos a V.M., como Rey Católico que es, que implore la ayuda de Dios en nombre de todo su pueblo.

El 30 de mayo de 1919, su antepasado, Don Alfonso XIII, consagró España al Sagrado Corazón de Jesús en un acto solemne durante la fiesta de San Fernando, caballero de Cristo, unificador del Reino y modelo de soberano justo, que “más temía las maldiciones de una viejecita pobre de su reino que a todos los moros del África”. Cuando todavía era un niño, su padre, Don Juan Carlos, repitió, a su vez, esta consagración, al pisar por primera vez suelo español. Hoy, los españoles se regocijarán de que V.M. conmemore el centenario de la primera consagración con una solemne renovación de este acto público y oficial de devoción del Reino al Sagrado Corazón.

Es porque confiamos en la firme voluntad de V.M. de asegurar, con la ayuda de Dios, la prosperidad de España y la felicidad de su pueblo, que nos atrevemos a dirigirle respetuosamente tal pedido, al mismo tiempo que le presentamos nuestros respetos y pidiendo a Dios que guarde a Vuestra Majestad y su real familia.

¡Viva España!

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Majestad,

Es con gran preocupación por el futuro del Reino, nuestra patria, que hoy recurrimos a su monarca.

V.M. sabe que España se encuentra en un estado muy deteriorado. Los recientes acontecimientos en Cataluña dejaron a más de uno temeroso de la desaparición del Reino, antes de que V. M. defendiera valientemente su unidad, granjeándole la simpatía de todos sus súbditos fieles, entre los cuales nos honramos de hacer parte.

La amenaza que representa el separatismo para el futuro de nuestro país infelizmente no ha desaparecido. Bajo algunos aspectos, la crisis catalana parece irresoluble y los círculos ideológicos que aspiran a mutilar a España para repartirse sus despojos también se agitan en otras provincias.

A estas fuerzas centrífugas se agrega la amenaza que representan para la unidad del Reino aquellos que vuelven a abrir heridas que la gran mayoría de los españoles juzgaba y deseaba ya cerradas para siempre. Tal como antiguamente, estos fantasmas del pasado surgen acompañados por un odio visceral hacia la España católica. Pero donde antes los enemigos de la Iglesia se contentaban con querer expulsar el Catolicismo del espacio público, sus herederos actuales quieren privarlo inclusive de cualquier influencia en la vida civil y obligar a los católicos a renegar de las consecuencias morales de su fe en nombre de la tolerancia y la no discriminación. Son las convicciones íntimas y la vida de familia de millones de españoles que están siendo pisoteadas y trastornadas por una ideología más totalitaria que el viejo comunismo socio-económico de antaño.

V.M. lo intuye: cuando se ataca la fe en la que se fundó la unidad y la grandeza de España, es todo el Reino el que, lamentablemente, vacila. Y lo hace justamente cuando la Patria vuelve a ser sorprendida por un enemigo del que consiguió liberarse sólo después de ocho siglos de lucha y Reconquista. Hace apenas un año, ese mismo invasor volvió a derramar la sangre de españoles en Barcelona y Cambrils.

Ante esta situación que se vuelve humanamente desesperada, pedimos a V.M., como Rey Católico que es, que implore la ayuda de Dios en nombre de todo su pueblo.

El 30 de mayo de 1919, su antepasado, Don Alfonso XIII, consagró España al Sagrado Corazón de Jesús en un acto solemne durante la fiesta de San Fernando, caballero de Cristo, unificador del Reino y modelo de soberano justo, que “más temía las maldiciones de una viejecita pobre de su reino que a todos los moros del África”. Cuando todavía era un niño, su padre, Don Juan Carlos, repitió, a su vez, esta consagración, al pisar por primera vez suelo español. Hoy, los españoles se regocijarán de que V.M. conmemore el centenario de la primera consagración con una solemne renovación de este acto público y oficial de devoción del Reino al Sagrado Corazón.

Es porque confiamos en la firme voluntad de V.M. de asegurar, con la ayuda de Dios, la prosperidad de España y la felicidad de su pueblo, que nos atrevemos a dirigirle respetuosamente tal pedido, al mismo tiempo que le presentamos nuestros respetos y pidiendo a Dios que guarde a Vuestra Majestad y su real familia.

¡Viva España!

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Majestad,

Es con gran preocupación por el futuro del Reino, nuestra patria, que hoy recurrimos a su monarca.

V.M. sabe que España se encuentra en un estado muy deteriorado. Los recientes acontecimientos en Cataluña dejaron a más de uno temeroso de la desaparición del Reino, antes de que V. M. defendiera valientemente su unidad, granjeándole la simpatía de todos sus súbditos fieles, entre los cuales nos honramos de hacer parte.

La amenaza que representa el separatismo para el futuro de nuestro país infelizmente no ha desaparecido. Bajo algunos aspectos, la crisis catalana parece irresoluble y los círculos ideológicos que aspiran a mutilar a España para repartirse sus despojos también se agitan en otras provincias.

A estas fuerzas centrífugas se agrega la amenaza que representan para la unidad del Reino aquellos que vuelven a abrir heridas que la gran mayoría de los españoles juzgaba y deseaba ya cerradas para siempre. Tal como antiguamente, estos fantasmas del pasado surgen acompañados por un odio visceral hacia la España católica. Pero donde antes los enemigos de la Iglesia se contentaban con querer expulsar el Catolicismo del espacio público, sus herederos actuales quieren privarlo inclusive de cualquier influencia en la vida civil y obligar a los católicos a renegar de las consecuencias morales de su fe en nombre de la tolerancia y la no discriminación. Son las convicciones íntimas y la vida de familia de millones de españoles que están siendo pisoteadas y trastornadas por una ideología más totalitaria que el viejo comunismo socio-económico de antaño.

V.M. lo intuye: cuando se ataca la fe en la que se fundó la unidad y la grandeza de España, es todo el Reino el que, lamentablemente, vacila. Y lo hace justamente cuando la Patria vuelve a ser sorprendida por un enemigo del que consiguió liberarse sólo después de ocho siglos de lucha y Reconquista. Hace apenas un año, ese mismo invasor volvió a derramar la sangre de españoles en Barcelona y Cambrils.

Ante esta situación que se vuelve humanamente desesperada, pedimos a V.M., como Rey Católico que es, que implore la ayuda de Dios en nombre de todo su pueblo.

El 30 de mayo de 1919, su antepasado, Don Alfonso XIII, consagró España al Sagrado Corazón de Jesús en un acto solemne durante la fiesta de San Fernando, caballero de Cristo, unificador del Reino y modelo de soberano justo, que “más temía las maldiciones de una viejecita pobre de su reino que a todos los moros del África”. Cuando todavía era un niño, su padre, Don Juan Carlos, repitió, a su vez, esta consagración, al pisar por primera vez suelo español. Hoy, los españoles se regocijarán de que V.M. conmemore el centenario de la primera consagración con una solemne renovación de este acto público y oficial de devoción del Reino al Sagrado Corazón.

Es porque confiamos en la firme voluntad de V.M. de asegurar, con la ayuda de Dios, la prosperidad de España y la felicidad de su pueblo, que nos atrevemos a dirigirle respetuosamente tal pedido, al mismo tiempo que le presentamos nuestros respetos y pidiendo a Dios que guarde a Vuestra Majestad y su real familia.

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