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La catedral «Notre-Dame» impulsa la creciente fascinación por la Edad Media

Durante la ceremonia oficial de reapertura, el presidente Macron afirmó que, en aquella sorprendente restauración, miles de artistas y artesanos «establecieron una continuidad con una corriente que los precedía desde hacía más de ocho siglos: la que procede de la Edad Media, con su pasión por la belleza y por el trabajo bien hecho». Y les agradeció que hubieran enseñado a sus contemporáneos a elevar la mirada hacia el Cielo señalado por la aguja de Notre-Dame, para «redescubrir nuestra catedral interior».

El presidente —o el autor de su discurso— aludía a la leyenda bretona de la «catedral sumergida», mencionada anteriormente, que el escritor anticlerical Ernest Renan decía que emergía de vez en cuando en su alma, comparable a un mar tenebroso.

Los sonidos emitidos por aquella «catedral sumergida» parecen haberse dejado oír en innumerables almas que contemplaron atónitas la caída de la aguja de Notre-Dame envuelta en llamas, mientras otras veían en ella el punto sin retorno de una época denigrada.

En ellas resurgía «la fascinación y un interés interminable por la Edad Media», que adquirió una actualidad insuperable, mucho más allá de la dimensión religiosa de la catedral, escribió Guillermo Altares en el periódico socialista español El País.

El propio presidente laicista glorificó la Edad Media el día de la nueva consagración al hablar de san Luis IX, que llevó a Francia la Corona de Espinas; del voto de Luis XIII de honrar a la Virgen María si le concedía un hijo; de la conversión del poeta Paul Claudel, «que recuperó la esperanza a los pies de un pilar, una noche de diciembre de 1886»; de los jóvenes que acudieron a rezar ante Notre-Dame mientras se propagaba el incendio; y de la «Providencia» que protegió a la Virgen, cuya imagen permaneció intacta, a pocos centímetros del montón de piedras y carbones ardientes que caían del techo.

Victoria de Nuestra Señora

Sí, la Virgen es intocable y Ella, la Inmaculada, fue la gran vencedora sobre el fuego revolucionario y luciferino.

«¿Se habrá dado cuenta Macron, el hombre que hizo que el derecho al aborto quedara consagrado en la Constitución francesa, de la verdad de estas palabras?», se preguntó la periodista Jeanne Smits, quien añadió que el presidente había descrito a Nuestra Señora tal como Ella es.

Cualquiera que haya sido su intención, en más de una ocasión el propio demonio ha reconocido el poder y la majestad de la Virgen, que lo aplasta y lo obliga a confesar la verdad y la grandeza de Ella.

¡La catedral, cuya construcción requirió dos siglos, fue reconstruida como una joya en poco más de cinco años mediante técnicas medievales!

«Las catedrales góticas son muy diferentes, en todos los aspectos, de las modernas iglesias con aspecto de garaje», escribió el profesor Manuel Alejandro Rodríguez de la Peña, catedrático de Historia Medieval en Madrid.

Esta especie de resurrección alimentó la esperanza de que quizá el orden medieval pudiera inspirar la fórmula para un mundo que se derrumba de manera catastrófica.

El leñador Édouard Cortès se entusiasmó con la idea de que hombres provistos de hachas medievales reconstruyeran un tejado del siglo XII en plena era del vacío y de lo virtual.

Hacían falta «almas antes que robots», intuyó, y se ofreció voluntariamente para participar en el «proyecto loco» de la restauración, junto con un puñado de maestros carpinteros llegados incluso desde Estados Unidos y Argentina.

Aquellos corazones indomables, cuenta, preferían ser «lobos antes que perritos civilizados llevados con correa». Se llamaban a sí mismos «la horda» y, durante aquel trabajo desmesurado, descubrieron que no eran ellos quienes restauraban la catedral, sino que era Nuestra Señora quien los estaba modelando.

La unidad de élite de la Legión Extranjera proclama durante sus desfiles militares: Legio Patria Nostra —«La Legión es nuestra patria»—, mientras que ellos susurraban: Maria Patria Nostra —«María es nuestra patria»—.

Y cuando una inspectora de trabajo les preguntó por qué hacían aquello, la respuesta brotó impetuosamente:

«Por Nuestra Señora. Solo por Ella».

Aquellos hombres rudos consumían sus energías para devolver su morada a la Corona de Espinas y para que «la Santa Liturgia lavara, con la Sangre y el Agua consagradas, la infame parodia de la Última Cena con la que fueron inaugurados los Juegos Olímpicos».

«El verdadero milagro de Notre-Dame consistió en que el incendio iluminó nuestra ceguera, descongeló nuestra memoria y nos tocó con un fuego sagrado», concluyó el leñador.

Por su parte, el arquitecto jefe de la restauración, Philippe Villeneuve, reveló: «Tengo una devoción particular por la Virgen María. Nunca he dejado de sentir su apoyo […]. Creo que este proyecto no habría sido posible de otro modo».

Un cambio en el mundo

Ellos no fueron los únicos que reaccionaron de este modo. Esta inesperada conversión moral se produjo también en otros países, como Chile, donde el periodista ya citado interpretó la restauración de Notre-Dame como el toque de difuntos de una época que había renegado del espíritu y de la belleza.

El periodista chileno recordó que las iglesias del mundo descristianizado están cada vez más abandonadas. Sin embargo, cuando el tejado de Notre-Dame comenzó a arder, pequeñas multitudes salieron a las calles y se detuvieron en las esquinas para llorar, rezar y pedir perdón por los crímenes históricos que habían atraído un castigo tan formidable.

Aunque hayamos abandonado y renegado de Nuestra Señora más de tres veces, como Pedro renegó de su Maestro, continuó el periodista, una madre como Ella recoge a sus hijos en las calles y protege a quienes han sido seducidos por los dioses digitales, deslumbrados por una luz que no es luz y por un poder que no es poder, para que vuelvan a acariciar las antiguas columnas, más firmes que las promesas del mundo.

Chile, donde se incendiaron iglesias que continúan sin ser restauradas y abandonadas a su suerte, contempla avergonzado a Francia, que restauró su principal catedral.

Y dijo la verdad. Notre-Dame entusiasma y pide a cada uno de nosotros que cultive en el fondo de su alma las cualidades de su fachada: grandeza, lógica, fortaleza, seriedad, espíritu maternal, misericordia y estabilidad.

Cualidades simbolizadas en su fachada con una fidelidad que causa admiración y que deben encontrarse en lo más profundo de cada hijo fiel de la Iglesia católica, apostólica y romana, como señaló el profesor Plinio Corrêa de Oliveira.

Fuente: https://catedraismedievais.blogspot.com/2025/03/notre-dame-puxa-o-crescente-fascinio.html

Foto: Myrabella / Wikimedia Commons

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