Tú quizá piensas poco en el Purgatorio. Quizá lo ves como una realidad lejana, casi abstracta, una doctrina que pertenece a los libros antiguos o a las predicaciones de otros tiempos. Pero no es así. El Purgatorio es una verdad viva de nuestra fe, y las almas que allí se purifican no son desconocidos sin rostro: pueden ser tus padres, tus abuelos, tus amigos, tus bienhechores, personas que amaste y que tal vez esperan hoy tu oración.
La gran Tradición de la Iglesia nos enseña que las almas no entran en la gloria del Cielo sin estar plenamente purificadas. Esa purificación, según los doctores de la Iglesia, se realiza por un fuego verdadero, no el fuego eterno del infierno, sino el fuego del Purgatorio, que purifica sin destruir, que hiere para sanar, que consume las imperfecciones para preparar el alma a la visión de Dios.
San Agustín y Santo Tomás hablaron del “suplicio del fuego”, y solo esa expresión basta para estremecer el corazón. Porque si el fuego de esta tierra ya nos causa horror, si nadie podría sostener un carbón ardiente en la mano durante un minuto, ¿qué será un fuego que no toca solamente el cuerpo, sino el alma misma?
Ese fuego alcanza la inteligencia, la memoria, la sensibilidad, lo más íntimo del ser. No es un simple dolor exterior. Es una purificación profunda, penetrante, proporcionada a la santidad de Dios y a las manchas que todavía impiden al alma entrar en la felicidad eterna.
Por eso debes preguntarte con seriedad: si tú estuvieras allí, si tú ardieras día y noche en esa prisión de purificación, ¿no suplicarías que alguien rezara por ti? ¿No esperarías una Misa, un Rosario, una comunión ofrecida, un sacrificio escondido, una obra de caridad hecha en tu nombre?
El venerable Stanislas Kostka, jesuita polaco, tuvo una experiencia terrible. Se le apareció un alma del Purgatorio, envuelta en llamas y lanzando gritos de dolor. Él le preguntó si aquel fuego podía compararse con el de la tierra. El alma respondió que el fuego de este mundo, comparado con el del Purgatorio, era como una brisa suave.
Stanislas, con dificultad para creer algo tan tremendo, dijo que quisiera sentir un poco de aquel ardor. El alma le respondió que ningún hombre vivo sería capaz de soportar siquiera una pequeña parte, pero para convencerlo le pidió que extendiera la mano. Entonces dejó caer sobre ella una gota de sudor.
El dolor fue tan intenso que Stanislas gritó y cayó sin conocimiento, como si estuviera a punto de morir. Los religiosos acudieron corriendo, y cuando volvió en sí, les contó lo sucedido. Todos quedaron llenos de santo temor y tomaron la resolución de multiplicar sus penitencias, huir de los placeres del mundo y advertir a los fieles sobre el terrible fuego del Purgatorio.
Stanislas vivió todavía un año, sufriendo vivamente por aquella herida que no se cerraba.
Esta historia no está hecha para llevarte a la desesperación, sino a la caridad. Porque el fuego del Purgatorio no es odio de Dios, sino justicia y misericordia. Es el fuego que purifica el oro hasta quitarle toda impureza. Santa Catalina de Génova explicaba que el Amor divino lanza sobre el alma rayos y llamas tan penetrantes que consumen en ella todo lo que no es puro. Dios no destruye el alma; destruye lo que en ella impide la unión perfecta con Él.
Cuando el alma queda purificada, ya no sufre. Entonces solo permanece en ella el fuego dulce del Amor eterno, sin pena, sin resistencia, sin mancha.
Pero mientras esa purificación dura, las almas necesitan ayuda. Y tú puedes ayudarlas.
No seas indiferente. No vivas como si tus difuntos ya no necesitaran nada. Reza por ellos. Ofrece tus sufrimientos. Ofrece tus comuniones. Ofrece una Santa Misa por tus seres queridos difuntos, porque la Misa es el auxilio más poderoso que puedes darles.
Piensa en ellos durante el día. Nómbralos ante Dios. Di con fe: “Señor, por tu misericordia, alivia y libera a las almas del Purgatorio, especialmente a las de mi familia y a las más olvidadas”.
Y únete a esta obra de misericordia espiritual haciéndote miembro de nuestro Oratorio Virtual por las Almas del Purgatorio:
Oratorio Virtual por las Almas del Purgatorio – España
No los abandones. Ellos ya no pueden merecer por sí mismos, pero tú todavía puedes amar, rezar y ofrecer. Hoy tu oración puede ser alivio. Hoy una Misa puede abrir una puerta. Hoy tu caridad puede acercar un alma al Cielo.
Fuente: “Un mes con nuestros amigos: las almas del Purgatorio.Conocerlas, rezarles, liberarlas.” Padre Martin Berlioux
Foto: Mogadir, CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons
