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No retrases su entrada en el Cielo: cada día cuenta

¿Cuánto tiempo permanece un alma en el Purgatorio?

La Iglesia no ha definido una duración concreta. No nos dice si serán días, años o siglos. Sin embargo, desde los primeros tiempos del cristianismo ha rezado constantemente por los difuntos, ha celebrado Misas por ellos y ha recomendado ofrecer sufragios para acelerar su purificación. Si la Iglesia insiste tanto en esta oración, es porque sabe que nuestra ayuda es necesaria.

Los santos también hablaron con gran seriedad sobre esta realidad. Algunos afirmaban que, para ciertas almas, la purificación podía prolongarse mucho tiempo si nadie intercedía por ellas. No porque Dios sea cruel, sino porque su santidad exige una purificación completa antes de la entrada definitiva en la gloria.

Piensa por un momento en una espera que parece no terminar nunca.

Las almas del Purgatorio aman perfectamente a Dios. Saben que un día lo contemplarán cara a cara, pero todavía deben esperar. Y esa espera, unida a sus sufrimientos, les resulta inmensamente dolorosa. Lo que para nosotros es un breve instante, para ellas puede sentirse como un tiempo interminable.

¿Por qué ocurre esto?

Porque muchas veces llegamos al final de nuestra vida con innumerables pecados veniales, con poca penitencia, con un arrepentimiento insuficiente y con demasiadas ocasiones perdidas para reparar el mal que hicimos. Además, las almas del Purgatorio ya no pueden hacer nada por sí mismas. Han terminado el tiempo del mérito. Solo pueden esperar la misericordia de Dios y la caridad de la Iglesia.

Y aquí aparece una verdad que debería conmovernos profundamente.
Con frecuencia olvidamos a nuestros difuntos demasiado pronto.

Después del funeral pensamos que ya están en el Cielo. Dejamos de rezar, dejamos de ofrecer Misas y apenas pronunciamos nuevamente sus nombres delante de Dios. Mientras tanto, quizá esas almas continúan esperando nuestra ayuda.

Una antigua historia lo expresa con una fuerza impresionante.

Un hombre llevaba años encerrado en una prisión. Desesperado por tanto sufrimiento, escribió a una mujer poderosa que podía conseguir su libertad. Su súplica decía solamente:

«Señora, llevo cien mil horas sufriendo, y todavía me quedan doscientas mil horas más. Tenga compasión de un martirio tan largo.»

Aquel hombre había contado una por una las horas de su cautiverio.

Algo semejante comprendió un monje después de la muerte de un compañero.

Ambos se habían prometido que el superviviente ofrecería la primera Misa posible por el alma del otro. Cuando uno murió, el otro cumplió inmediatamente su promesa. A la mañana siguiente celebró la Santa Misa y, durante la acción de gracias, vio aparecer a su hermano difunto, resplandeciente de gloria.

Pero, para sorpresa del sacerdote, el alma le dijo con gravedad: «Hermano, ¿dónde está tu promesa? Me has dejado en el Purgatorio durante más de un año sin ofrecer la Misa prometida.»

El monje quedó desconcertado : «¡Pero si apenas han pasado unas horas desde tu muerte! Tu cuerpo ni siquiera ha sido sepultado.»

Entonces el alma respondió: «¡Qué terribles son los sufrimientos del Purgatorio! El tiempo allí parece interminable. La Misa que acabas de ofrecer me ha permitido salir cuanto antes hacia el Cielo.»

Quizá esta historia no pretenda enseñarnos una medida exacta del tiempo después de la muerte. Lo que sí nos enseña es una verdad espiritual: para las almas que esperan contemplar a Dios, cada instante de purificación se vive con una intensidad que nosotros apenas podemos imaginar.

Por eso no retrases tu caridad.

No esperes al aniversario de un fallecimiento para acordarte de tus seres queridos. No supongas automáticamente que ya no necesitan tus oraciones. Los santos hacían exactamente lo contrario: rezaban por sus difuntos durante toda la vida.

Haz tú lo mismo.

Ofrece una Santa Misa por tus padres, por tus abuelos, por tus amigos, por los sacerdotes que conociste y por las almas más olvidadas. Reza el rosario por ellas. Gana indulgencias en su favor. Ofrece con amor tus pequeños sacrificios cotidianos. Todo aquello que haces unido a Cristo puede convertirse en un inmenso consuelo para quienes ya no pueden ayudarse a sí mismos.

Y piensa también en tu propia eternidad.

Vive hoy de manera que tu purificación sea cada vez menor. Confiesa con frecuencia tus pecados, practica la penitencia, acepta con amor las cruces de cada día y procura reparar aquí el mal cometido. Lo que hagas ahora puede evitarte largos sufrimientos después.

No olvides nunca que la muerte no rompe los vínculos de la caridad. Tus difuntos siguen esperando el amor de la Iglesia, y tú puedes formar parte de esa misión.

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Oratorio Virtual por las Almas del Purgatorio 

Reza con nosotros, ofrece Misas por los difuntos y ayuda a que muchas almas lleguen cuanto antes a la alegría eterna. Hoy tu oración puede abreviar una espera que, para una de ellas, parece no tener fin.

Fuente: “Un mes con nuestros amigos: las almas del Purgatorio.Conocerlas, rezarles, liberarlas.” Padre Martin Berlioux

Foto: Fra Angelico, CC BY 3.0 via Wikimedia Commons

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