Saltar al contenido

Dar almas a Dios: la misión más hermosa de la misericordia

Cuando ayudas a un ezas por las almas del Purgatorio, no solo alivias a quienes sufren y esperan su entrada en el Cielo. También realizas una obra que glorifica profundamente a Dios, porque colaboras con su deseo de reunir para siempre junto a Él a todos sus hijos salvados.

Piénsalo por un momento. Cuando ayudas a liberar a un alma del Purgatorio, le das a Dios una nueva voz que lo alabará eternamente, un corazón completamente purificado que lo amará sin reservas y un alma que, ante su trono, proclamará para siempre su bondad y su misericordia.

Tal vez tu oración te parezca pequeña. Quizá pienses que un rosario, una breve jaculatoria, una comunión ofrecida o una Misa encargada por un difunto no pueden cambiar demasiado. Sin embargo, ante Dios, esos gestos pueden adquirir una fuerza inmensa, porque están unidos a los méritos infinitos de Jesucristo.

San Agustín afirmaba que pocas obras son tan agradables a Dios como el alivio y la liberación de los fieles difuntos. Al rezar por ellos, tú colaboras con la justicia divina, pero también te conviertes en instrumento de su misericordia. Ayudas a que un alma termine su purificación y pueda entrar en la presencia de Dios.

El libro de Daniel nos ofrece una imagen que permite comprender esta misión.

El rey Darío había promulgado una ley cuya violación se castigaba arrojando al culpable al foso de los leones. Daniel, fiel al Dios verdadero, no podía someter su conciencia a una disposición pagana y fue denunciado ante el rey.

Darío apreciaba profundamente al profeta y se entristeció al saber que debía aplicarle la pena establecida. Sin embargo, no podía revocar la ley que él mismo había promulgado sin contradecir su propia autoridad. Por eso permitió que Daniel fuera arrojado al foso, pero antes le dijo que confiara en el Dios al que servía, porque Él podría librarlo.

Y así ocurrió. Dios cerró la boca de los leones para que no le hicieran daño y envió a su ángel para protegerlo y llevarle alimento. Aquellos animales, que debían convertirse en sus verdugos, permanecieron junto a Daniel como guardianes.

Esta historia puede ayudarte a comprender, aunque sea de manera imperfecta, la situación de las almas del Purgatorio. Dios las ama y desea recibirlas en su Reino, pero todavía necesitan ser purificadas de las consecuencias de sus pecados. Su justicia no permite que entren en el Cielo antes de quedar completamente limpias, porque nada impuro puede presentarse ante su santidad.

Pero Dios, que es justo y misericordioso, permite que tú vayas en su ayuda.

Por medio de tus oraciones, tus sacrificios, tus limosnas y, sobre todo, la Santa Misa, puedes llevarles ese alimento espiritual que esperan. Puedes ser para ellas como el ángel enviado al foso de Daniel: un instrumento de consuelo, esperanza y liberación.

¡Qué misión tan noble te ha sido confiada!

Cuando una de esas almas entra finalmente en el Cielo, no solo ella se llena de alegría. Toda la corte celestial celebra su llegada como una fiesta de familia. La Virgen María, Madre de Misericordia y consuelo de las almas que se purifican, se alegra al ver a uno de sus hijos alcanzar la felicidad eterna. Su ángel custodio y su santo patrono reciben con gozo a quien tanto tiempo acompañaron y protegieron.

Los santos lo reciben como a un hermano que vuelve a casa, mientras nuevas alabanzas se elevan ante el Cordero de Dios. Por eso, cuando tú ayudas a liberar un alma, haces que todo el Cielo se alegre y que la gloria de Dios resplandezca todavía más.

No subestimes el valor de esta devoción. Tal vez nunca sepas en esta vida cuántas almas fueron aliviadas por tus oraciones, ni cuántas alcanzaron el Cielo gracias a una Misa que ofreciste por ellas. Pero Dios conoce cada gesto de caridad y ha prometido que ni siquiera un vaso de agua dado en su nombre quedará sin recompensa.

Piensa especialmente en tus familiares y amigos difuntos. Reza por quienes te amaron, por quienes te ayudaron y también por aquellos que pudieron haberte herido. Ofrece una Misa por sus almas y recuerda sus nombres durante el Memento de los difuntos.

No olvides tampoco a las almas más abandonadas, por las que nadie reza y cuyos nombres han desaparecido de la memoria de los hombres.

Hazte miembro de nuestro Oratorio Virtual por las Almas del Purgatorio y únete a esta misión de misericordia:

Oratorio Virtual por las Almas del Purgatorio

Tú puedes ayudar a devolver estos hijos a su Padre y estos exiliados a su patria eterna.

Reza hoy. Ofrece una Misa. Ayuda a un alma a entrar en el Cielo y convierte tu oración en una nueva alabanza para la gloria de Dios.

Fuente: “Un mes con nuestros amigos: las almas del Purgatorio.Conocerlas, rezarles, liberarlas.” Padre Martin Berlioux

Foto: Museo de Bellas-Artes de Houston, Public domain, via Wikimedia Commons

Etiquetas:

Support the Project

This is a description text of the cover


I Want To Contribute