Tú sufres, a veces en silencio, a veces sin que nadie lo note, y quizá te preguntas por qué Dios permite ciertas pruebas en tu vida, por qué llegan esas cruces que pesan, cansan y parecen no tener sentido.
Pero escucha bien: nada de lo que sufres con amor se pierde ante Dios. La fe cristiana nos enseña una verdad inmensa y consoladora: Dios puede aplicar a las almas del Purgatorio los méritos, las oraciones y los sacrificios de los vivos. Eso significa que tu dolor, cuando lo unes al sacrificio de Cristo, puede convertirse en alivio real para quienes ya no pueden merecer por sí mismos.
Sí, tu sufrimiento puede ayudar a salvar almas. No se trata de una idea sentimental ni de una simple imagen piadosa. Se trata de la comunión de los santos, de esa unión misteriosa y real entre la Iglesia que peregrina en la tierra, la Iglesia que se purifica en el Purgatorio y la Iglesia que ya contempla a Dios en el cielo.
Hay sufrimientos que tú eliges libremente, como un ayuno, una privación, una renuncia a un placer, el abandono de un mal hábito, el silencio ante una provocación o la decisión de ofrecer algo que te cuesta. Estos pequeños sacrificios, cuando nacen del amor y del espíritu de reparación, tienen un valor precioso ante Dios.
No digas: “Esto no sirve de nada”, porque sí sirve, y mucho. Un esfuerzo escondido, una renuncia humilde o una mortificación que nadie ve pueden convertirse en una luz para un alma que espera, en un alivio para quien atraviesa la purificación, en una súplica silenciosa que sube hasta el corazón de Dios.
Pero hay otro sufrimiento que puede tener un valor todavía mayor: el que tú no eliges. La enfermedad, la tristeza, la fatiga, la soledad, la contradicción, la injusticia, las preocupaciones diarias y esas pruebas que llegan sin pedir permiso pueden destruirte si las rechazas con desesperación, pero pueden santificarte si las unes a Cristo con fe y paciencia.
Una lágrima aceptada puede ser como un rocío sobre las llamas purificadoras del Purgatorio; una noche de dolor ofrecida puede convertirse en descanso para un alma olvidada; una oración pronunciada entre cansancio y angustia puede abrir una puerta de esperanza.
San Antonino cuenta una historia impresionante. Un enfermo sufría dolores terribles y pedía a Dios, entre lágrimas, que lo librara de sus males. Entonces se le apareció un ángel y le dijo que el Señor le daba a elegir entre un año de sufrimiento en la tierra o un solo día en el Purgatorio.
El enfermo no dudó, porque pensó que un solo día en el Purgatorio sería más llevadero que un año entero de dolores en la tierra. Murió al instante, y su alma fue llevada al lugar de expiación.
Pero allí el sufrimiento le pareció tan terrible que, cuando el ángel volvió para consolarlo, el alma gritó con angustia que había sido engañada. Decía que el ángel le había prometido un solo día, y que, sin embargo, le parecía llevar ya veinte años entre tormentos.
El ángel le respondió que no había pasado ni un día, ni veinte años, sino apenas unos minutos desde su muerte, y que su cuerpo todavía no estaba frío sobre el lecho.
Entonces el enfermo suplicó volver a la tierra para sufrir durante un año todo lo que Dios quisiera permitir. Su petición fue concedida, y desde ese momento exhortaba a todos los que iban a verlo a aceptar con paciencia las penas de esta vida, antes que exponerse a las penas del otro mundo.
Y repetía con fuerza: “La paciencia en las penas es la llave de oro del Paraíso”.
Tú también tienes esa llave en las manos. No desperdicies tus cruces, no desperdicies tus cansancios, no desperdicies tus lágrimas, porque todo puede ser ofrecido, todo puede ser unido a Cristo, todo puede transformarse en caridad para las almas que esperan la luz definitiva.
Di con sencillez, cada vez que una pena te visite: “Señor, te ofrezco este dolor por las almas del Purgatorio, especialmente por mis familiares, amigos y bienhechores difuntos”.
Y haz algo todavía más grande: ofrece una Santa Misa por ellos.
La Misa es el tesoro más alto que puedes ofrecer, porque es el sacrificio mismo de Cristo presentado al Padre. No existe oración más poderosa para socorrer a las almas del Purgatorio que la Santa Misa ofrecida con fe, amor y confianza.
Tus seres queridos pueden necesitarte ahora. Tal vez esperan una oración tuya, una Misa ofrecida por ellos, un sacrificio escondido, una pequeña obra de amor que Dios quiera usar para aliviar su purificación y acercarlos al cielo.
No los olvides. Reza por ellos, ofrece tus sufrimientos, pide una Misa por sus almas y únete a esta gran obra de misericordia espiritual. Hazte miembro de nuestro Oratorio Virtual por las Almas del Purgatorio – España, para rezar junto a otros fieles por quienes esperan entrar en la alegría eterna: Oratorio Virtual por las Almas del Purgatorio – España
Hoy puedes ayudar a un alma a acercarse al cielo; hoy tu sufrimiento puede convertirse en caridad; hoy tu oración puede tocar la eternidad.
Fuente: “Un mes con nuestros amigos: las almas del Purgatorio.Conocerlas, rezarles, liberarlas.” Padre Martin Berlioux
Foto: VIRGEN DE LA ESPERANZA MACARENA PEPE GADEIRAS, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons
