Tú quizá asocias noviembre con los difuntos, con los cementerios, con las flores, con los nombres escritos sobre una lápida y con esos recuerdos familiares que vuelven al corazón con una fuerza especial.
Y es verdad: noviembre ocupa un lugar privilegiado en la devoción cristiana por las almas del Purgatorio. La Iglesia celebra el 2 de noviembre la conmemoración de todos los fieles difuntos, y por eso la piedad católica ha consagrado ese mes entero al alivio de las almas que esperan la entrada definitiva en el Cielo.
Pero escucha bien: no tienes que esperar a noviembre para rezar por ellas.
Las almas del Purgatorio necesitan ayuda ahora. Tus seres queridos difuntos pueden necesitar tus oraciones hoy. Y la caridad cristiana no se encierra en una fecha del calendario, porque el amor verdadero actúa cuando descubre una necesidad.
Esta devoción no nace de una sensibilidad moderna ni de una costumbre superficial. Sus raíces llegan muy lejos, hasta el pueblo de Israel. Ya en la antigua ley se consideraba santo y saludable rezar por los muertos, y el luto familiar se prolongaba durante un mes entero. Después de la muerte del patriarca Jacob, sus hijos lo lloraron y rezaron por él durante treinta días.
Animada por esta tradición antigua, la piedad cristiana consagró todo un mes al alivio de las almas del Purgatorio. Noviembre se convirtió así en un gran mes de caridad, de reparación, de misericordia y de esperanza.
Pero esa llamada sigue viva durante todo el año. Tú no deberías dejar pasar ningún mes como si las almas del Purgatorio no existieran. Ellas son santas, porque están salvadas, pero sufren todavía la purificación necesaria antes de contemplar a Dios cara a cara. No pueden merecer por sí mismas. No pueden acortar sus penas por sus propios actos. Necesitan la caridad de los vivos.
Y ahí entras tú.
Una santa, al comenzar los ejercicios del mes de noviembre, exclamaba con ardor: “¡Vaciemos el Purgatorio!”. Esa frase no vale sólo para noviembre. Debería atravesar tu corazón todos los días, como un llamado urgente a rezar, a ofrecer sacrificios, a asistir a Misa y a pedir misericordia por quienes esperan.
Una persona digna de fe contó una gracia extraordinaria recibida durante el mes de noviembre por intercesión de las almas del Purgatorio.
Durante años había sufrido una enfermedad cruel que consumía su cuerpo, convertía su vida en un martirio y parecía llevarla directamente a la tumba. Había consultado a varios médicos especialistas, pero los remedios solo le daban pequeños alivios pasajeros, después de los cuales quedaba más débil y oprimida.
Al ver que la medicina no lograba curarla, dejó los medicamentos y recurrió con confianza a las almas del Purgatorio, porque ellas comprenden profundamente el misterio del sufrimiento. Estaba por comenzar noviembre, y tomó la resolución de vivirlo con todo el fervor posible.
Sus familiares y personas piadosas se unieron a sus oraciones. Cada noche se reunían en su habitación, al pie de una imagen de San José, y pedían dos gracias: la liberación de las almas del Purgatorio y la curación de la enferma.
Al final de la primera semana, comenzó a sentir una mejoría notable. Y lo más admirable fue que, el último día del mes, ya estaba en la iglesia. Su curación era completa. No quedaba rastro de aquella enfermedad que la había atormentado durante tanto tiempo y que, según los médicos, era incurable. Ella dio gracias a las santas almas del Purgatorio, cuya protección se había manifestado de manera visible en su vida.
Tú también puedes recibir grandes gracias si rezas con fidelidad por ellas. Pero no reces solo para pedir. Reza, sobre todo, para amar. Aunque no estemos en noviembre, puedes vivir desde hoy ese espíritu de caridad: ofrece a Dios tus trabajos, tus sufrimientos, tus cansancios y tus pequeñas renuncias por las almas del Purgatorio, especialmente por tus familiares y amigos difuntos.
Busca un momento fijo del día para rezar por ellas. Visita, si puedes, el cementerio. Lleva tus oraciones a las tumbas de quienes amaste. Asiste a Misa por esta intención. Haz celebrar Misas por tus difuntos. Confiésate. Comulga con fervor. Une tus sacrificios al sacrificio de Cristo.
San Bernardo decía: “Levántense, vuelen en socorro de las almas de los difuntos; llamen sobre ellas la clemencia divina por medio de la Misa, imploren la misericordia con sus penitencias e intercedan con sus oraciones”.
No olvides este deber.
Noviembre nos lo recuerda con especial fuerza, pero las almas del Purgatorio necesitan auxilio durante todo el año. Cada día puede ser para ti una ocasión de misericordia. Cada oración puede ser una luz. Cada Misa ofrecida puede ser una puerta abierta hacia el Cielo.
Hazte miembro de nuestro Oratorio Virtual por las Almas del Purgatorio – España a esta gran obra de caridad espiritual. Porque quizá, gracias a tu oración de hoy, un alma que espera podrá ver por fin el rostro de Dios.
Fuente: “Un mes con nuestros amigos: las almas del Purgatorio.Conocerlas, rezarles, liberarlas.” Padre Martin Berlioux
Foto: Esprit d’Edelmauswald, CC0, via Wikimedia Commons
