Francia atraviesa un período singular en el que aquello que antaño pertenecía a una tradición cristiana profundamente arraigada se ha convertido hoy en materia de litigio judicial. El episodio ocurrido en Asnières-sur-Seine en torno al belén municipal de Navidad constituye una ilustración contundente, casi simbólica, de la deriva ideológica que afecta a la noción misma de laicidad.
A instancias de la Liga de los Derechos del Hombre, el tribunal administrativo de Cergy-Pontoise ordenó, en procedimiento de urgencia, la retirada en un plazo de 24 horas del belén instalado en el interior del ayuntamiento de Asnières-sur-Seine. De no cumplirse la orden, el municipio se expondría a una multa de 100 euros diarios. Una decisión urgente que sorprende tanto por su severidad como por su interpretación maximalista de la laicidad.
El alcalde de la ciudad, Manuel Aeschlimann, no ocultó su desconcierto. Sin impugnar frontalmente la decisión, optó por una respuesta a la vez pragmática y reveladora de lo absurdo de la situación: desplazar el belén unos pocos metros, al exterior del edificio municipal. De este modo, el belén permanece visible y visitado por los vecinos, pero jurídicamente “neutralizado”.
Todo ello revela el encarnizamiento de un activismo ideológico. Desde hace once años, este belén se instala sin provocar disturbios ni atentados contra el orden público. No fue sino en diciembre de 2023 cuando la polémica se encendió, a raíz de un editorial publicado en el boletín municipal. En él, el alcalde recordaba una verdad elemental: la Navidad, antes de ser una fiesta comercial, celebra el nacimiento de Jesucristo. Una afirmación factual, histórica y cultural que, de repente, se volvió intolerable para algunos.
Dos cargos electos de izquierda, invocando una supuesta vulneración de la laicidad, iniciaron entonces un procedimiento judicial. Si las jurisdicciones administrativas de Versalles habían rechazado inicialmente estos recursos, el tribunal del Val-d’Oise acabó pronunciándose centrándose exclusivamente en la presencia material del belén en el ayuntamiento. Este giro jurisprudencial resulta especialmente preocupante. Como subraya el alcalde, en otras ciudades como Montpellier o Lyon, decisiones similares nunca han sido consideradas urgentes.
Asistimos aquí a una aplicación variable, subjetiva e ideológica del derecho, en la que la laicidad deja de ser un principio de neutralidad del Estado que garantiza la libertad religiosa para convertirse en un arma dirigida contra toda expresión visible del cristianismo. Esta laicidad de combate, militante, no busca el equilibrio, sino la progresiva eliminación de las raíces cristianas de Francia.
Este fenómeno se inscribe en un proceso revolucionario más amplio: la disolución lenta pero metódica de la civilización cristiana, no mediante una confrontación directa, sino a través de una sucesión de pequeñas victorias simbólicas.
Al pretender defender la neutralidad, los laicistas imponen en realidad una visión del mundo hostil al legado cristiano, al tiempo que toleran, e incluso fomentan, otras expresiones culturales o religiosas en el espacio público.
En Asnières, el belén sigue siendo visible y los habitantes continúan reuniéndose en torno a él. Pero este episodio deja huella. Recuerda que la vigilancia es necesaria, que la transmisión de las raíces cristianas ya no es algo evidente, y que la defensa del orden natural y cristiano pasa también por estos combates aparentemente menores, pero profundamente reveladores.
Hoy se trata de un belén desplazado; mañana se tratará de una fiesta vaciada de su sentido y pasado mañana, de una memoria colectiva amputada.
Fuente: https://www.lefigaro.fr/actualite-france/des-activistes-de-la-laicite-nous-en-veulent-la-justice-ordonne-le-retrait-dans-les-24-heures-de-la-creche-de-noel-municipale-d-asnieres-20251217
Foto: Formulario Pxhere
