Consideremos la actitud maternal de la Santa Iglesia hacia las almas inocentes y las almas penitentes: san Juan y san Pablo, por ejemplo; o también santa Teresa del Niño Jesús y santa María Magdalena.
En la Iglesia existen dos situaciones totalmente distintas: la de la inocencia y la de la penitencia. Pero ¿quién se atrevería a ver en el inocente a un vencedor orgulloso, y en el penitente a un vencido cubierto de oprobio? ¿Sería Juan, pues, un vencedor orgulloso, y Pablo un miserable vencido? ¿Ambrosio un dominador arrogante, y Agustín un combatiente débil y aplastado?
San Juan Evangelista representa la inocencia; san Pablo Apóstol, la penitencia
La Iglesia no da tregua ni cuartel al pecador impenitente. Pero basta con que este reconozca su error, repare humildemente el escándalo, queme públicamente lo que había adorado y adore lo que había quemado, para que las puertas de la casa paterna se abran de par en par ante él.
Ciertamente, nadie tiene autoridad para dispensar lo que Dios mismo no dispensa, ni para confundir al penitente con el impenitente. La Iglesia —lo sabemos bien— ama demasiado a sus hijos penitentes como para ofenderlos con tal confusión. Pero también sabemos que el pecador arrepentido, comprometido en una lucha abierta contra sus faltas pasadas, es amado por la Iglesia con entrañas de madre: ¡ay de aquel que lo ataque por lo que Dios ya ha perdonado!
En este punto, debemos incluso mostrar un radicalismo santo. Según las normas del mundo, la forma en que un entorno hace sentir cómodo al que ha pecado consiste en enterrar sus errores bajo la piedra del silencio. El mundo ignora que es posible borrar las manchas; por eso, cuando pretende tolerar o perdonar, prefiere ocultarlas en la sombra.
La Iglesia, por el contrario, no actúa así con sus santos.
Considera que la penitencia borra la mancha. Por eso, lejos de ocultar las faltas de los penitentes a quienes canoniza, las relata largamente y con detalle, para hacer más gloriosa su penitencia.
¿Podemos imaginar una biografía de san Agustín que lo presentara como un san Luis de Gonzaga?
Sepamos amar e imitar a la Santa Iglesia.
Madre admirable, acoge al pecador arrepentido y preserva a otras almas en su inocencia.
Fuente: https://ipco.org.br/temas-para-reflexao-inocencia-e-penitencia/
Foto: © Raimond Spekking / CC BY-SA 4.0 (via Wikimedia Commons)
Bartolomé Esteban Murillo, Public domain, via Wikimedia Commons
