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Al acercarnos a María, estaremos cerca del Niño Jesús

Podemos imaginar a otro Fra Angelico, que supiera pintar un cuadro que contenga esta idea de un éxtasis fabuloso, durante el cual tendría lugar el nacimiento del Niño Jesús. El nacimiento propiamente dicho no sería una escena “pintable”, porque no podemos tener una idea adecuada de cómo se produjo el nacimiento virginal. Lo que sabemos por la fe es que la Virgen María fue virgen antes del parto, durante el parto y después del parto.

Con estas consideraciones, comprendemos aún mejor la forma de unión entre Nuestro Señor y su Madre Purísima: una unión estrictamente insondable para la mente humana. Es inimaginable, pero meditando en ello nos preparamos mejor para acercarnos al Niño Jesús; entendemos mejor el papel de la Santísima Virgen como medianera, como nuestra intercesora, descubrimos mejor cómo, acercándonos a Ella, nos acercamos a Dios en aquel Niño que nació en la noche de Navidad en Belén; y nos preparamos para hacer una adecuada meditación ante el pesebre.

Esta meditación no consiste en considerar como una nota meramente histórica la presencia de la imagen de la Virgen María en el nacimiento. Debemos considerar, además de la nota histórica, la nota sobrenatural y mística que existe en la Navidad.

Como el Niño Jesús vino a nosotros por medio de María, solo podemos llegar a ese Niño por medio de María. Nuestros ojos, vueltos hacia el pesebre, deben fijarse en Jesús a través de María. Consideremos que Jesús está allí. Él es la fuente y a su lado está la Virgen, que es el canal para que lleguemos a esa fuente.

Fuente: https://www.tesorosdelafe.com/articulo-1655-navidad

Foto: Sailko, CC BY 3.0, via Wikimedia Commons

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